Hola a todos!
Qué diferente es esto de escribir desde el sofá de casa, cómodamente y hasta puedo usar acentos al escribir!!!
Pues sí, amigos, ya estamos de vuelta a la real life. Todavia arrastramos un cansancio de la muerte, pero poco a poco se va superando. Mientras, nos consolamos viendo los más de 5 GB (!) de fotos del viaje, todo un suplicio si lo que pretendo es seleccionaros algunas para vosotros!!!
Os cuento mi episodio pendiente: el viaje a Putuoshan.
China tiene cuatro montes sagrados dedicados al culto budista. Uno de ellos está situado enla isla de Putuoshan, la cual fue nuestro último destino antes de volver a shanghai.
Partimos hacia Putuoshan desde Hangzhou. Cogimos un bus sin estar muy seguros de donde nos metíamos. Tras 4 horas de viaje (practicamente parados por las obras en la autopista) el autobus se subio en un ferry, navegamos durante media hora, volvimos a tierra, una hora más y después otro ferry de 30 minutos y… llegamos!

Putuoshan prometia ofrecernos todo aquello que uno se imagina de la China paradisíaca de playas del pacífico, pagodas y templos budistas. Es en verdad una isla muy agradable de pasear y muy bonita, pero estos budistas no pierden el tiempo, no. Prácticamente todo se paga. Para entrar en la isla, para entrar en las playas, para desplazarse por dentro de la isla, para visitar cada templo, no hablemos ya de los chiringuitos de bebidas y souvenirs… Eso sí, nos pegamos una mariscada en la playa por cuatro duros a base de almejas, navajuelas y pescado fresco que no veáis. Las marisquerías se agolpan en primera línea de la playa con barreños llenos de pescado fresco y todo tipo de moluscos.
Por la tarde, cuando baja la marea, la gente pasea por la playa buscando conchas, todo muy idílico

Por la noche, karaoke en la playa (a los chinos les encanta) y a la cama. Ninguno imaginábamos lo que nos deparaba la siguiente jornada…
A la mañana siguiente madrugamos para visitar la gran estatua de la diosa budistas que reina la isla y que sirvio de inspiración a Mel Brooks para el personaje Yogur de La loca historia de las galaxias (broma para frikies).

Visitamos otros templos budistas, aunque a estas alturas del viaje ya todos nos parecían iguales, así que a media mañana cogemos las mochilas y nos vamos al puerto con intención de disfrutar de un plácido viaje en el “fast boat” hasta Shanghai, un enorme barco totalmente diáfano con los asientos como si fueran un cine, todos en fila que nos llevaría a nuestro destino en 2 horas. La otra opción, el slow boat tardaría 12 horas.
Guillermo y yo tuvimos la feliz idea de comprar unos cubos de noodles para el viaje, son unos cubos en los que se echa agua caliente y se cocinan solos, los chinos los llevan a todas partes. Dios mío, todavía tengo escalofríos de recordar lo que viene a continuación.
Nada más subir al barco una azafata nos dijo algo al respecto de nuestros asientos que no terminamos de entender, aunque muy correctamente Guillermo contestó que eran nuestros asientos y que no nos cambiaríamo. Después de media hora de viaje, digamos, apacible, en la que nos comimos los noodles, insultamos sin querer a unos españoles (Ooops!) y Guille se dedicó a matar mil moscas en la ventana del barco, empezó la fiesta. Las olas empezaron a ser cada vez más grandes y el barco a ir más rápido. Los primeros chinos no tardaron en caer. Las primeras arcadas se oían a lo lejos. Las olas seguían y por más que intentabamos seguir los consejos de la unica marinera experimentada que nos acompañaba, Silvia, lo cierto es que no tardamos en caer. Primero fue Guille, cuando intentó cambiarse a otro sitio menos movidito. Después, caí yo y finalmente Elena.
Todavía no me puedo creer el mal rato que pasamos e intentaré poneros en situación, no por lo desagradable que fue, que lo fue, si no por que fue una experiencia surrealista casi psicotrópica que nunca olvidaré. Por desgracia. El barco seguía a toda pastilla saltando olas y no parecía tener intención de suavizar la marcha. Los vómitos se sucedían minuto tras minuto, recordando con ellos el asqueroso sabor avecrem de los noodles de gambas. De repente, como una especie de venganza de las azafatas contra los doscientos pasajeros que nos encontrábamos allí, nos pusieron a toda castaña los últimos éxitos de los cantos budistas… EN KARAOKE!!! Creedme, más de dos horas la MISMA canción en karaoke de los putos monjes budistas, vomito, noodles, levanto la vista, cientos de moscas chafadas en el cristal. Miro a los lados. Chinito vomitando. Miro al frente. Guille vomitando. No puedo ni levantarme a tirar la bolsa llena. La azafata me trae más bolsas y limpia el suelo, como si estuviera en el bingo. No creáis que era fácil acertar. Ya no sé si vomito o no, los escalofríos y el cansancio se acumulan, sólo nos consuela pensar que no puede quedar mucho, pero nunca llegabamos… Multiplicad esta experiencia espiritual por las 200 personas que estábamos allí, creo que eso es a lo que llaman alcanzar el Nirvana. Al final 3 horas de suplicio, Silvia la única indemne que aguantó como una campeona, ya se notan los paseítos en barca del domingo!!
Segunda parte del viaje. El barco nos deja en un puerto a otras 2 horas en autobús del centro de Shanghai. Nos hacen subir inmediatamente al autobús sin respirar un poco de aire ni un minuto. Cogemos nuestros asientos y… agua??. Caía agua del techo. ¿Por qué?!?!?!? Me pongo a ver de donde viene el agua, un chino, con su manía de llevar té a todas partes, se le ha abierto el recipiente en el compartimento de equipajes del techo y chorrea de lo lindo sobre el asiento de Silvia. El karaoke budista todavía resuena en mi cabeza y al final exploto. Me pillo un cabreo de cojones y me desahogo, en perfecto castellano, para qué molestarse, con el pobre chino, que al final se busca la vida para limpiarlo y secarlo todo. Pocos chinos del autobús habían visto antes occidentales, pero lo que es seguro es que ninguno había visto un occidental mareado y cabreado!!
En fin, dos horas después habíamos llegado a Shanghai, el resto debería ser pan comido. Tardamos como media hora en conseguir un taxi, otra media hora en hacerle entender que ibamos a Pailan Lu y no Tailan Lu (Creedlo, así de fácil), llegamos al hostal ¡hogar dulce hogar! una mierda, han perdido la reserva, nos consiguen otra reserva, nos consiguen otro taxi ¿algo más puede fallar? Dios mío, una mujer taxista, a ver lo que nos espera, no sabe conducir, ¡no sabe conducir! no sabe donde está la calle, le van indicando por teléfono, la mujer se pierde, no sabe donde está, queremos llegar ya!!!, se baja a preguntar, me bajo del taxi, le enseño el mapa, no entiende el mapa, un señor de la calle le echa una bronca de tres pares de narices por perderse, al final le obligamos a seguir nuestras indicaciones, nos metemos por mitad de un mercadillo callejero nocturno pero ya estamos en nuestra calle y no pensamos salirnos… En mi defensa diré que el tópico de la mujer como mala conductora tiene su origen en China y no en España, así que no tenerme el comentario en cuenta.
8 horas después de salir de putuoshan soltamos las mochilas en el Blue Mountain Hostel…
PD. En la vivencia de este relato ningún chino fue maltratado. Horas después nos dimos cuenta que la azafata pretendía advertirnos de nuestros asientos, eran los que más notaban las olas, ya que estaban adelante del todo y a un lado. Cosas de la comunicación!